II

 

La grabación se detuvo. Gardner habló primero.

–Aún continúa.

–Suena real. Me extraña la fecha, todo sucedió hace poco menos de mes y medio.

–Así es…

Desde la cocina la cafetera ya había anunciado con una serie de bits el fin de su ciclo. El aroma escapaba por la puerta hasta la sala.

–Serviré el café y continuamos escuchando el resto.

Hamilton entró en la cocina. Sobre una charola de metal colocó dos tazas de cerámica medianas, el recipiente del azúcar y el vaso caliente de la cafetera. Volvió enseguida a la sala con la charola en las manos, la dejó sobre la mesa, se sentó frente a Gardner y sirvió pidiendo a su amigo endulzar el café a su gusto. Johnny tomó una taza, agregó media cucharada de azúcar y después de mezclar puso la taza en sus labios para enfriar el líquido humeante con algunos soplidos.

–Continuemos–. Dijo Hamilton con ansiedad. –Me intriga eso de la muerte despellejadora.

Gardner bajó su taza, respiró profundo y dio play a la Tascam.

»Estoy muy excitado por el viaje. No pude descansar bien aunque me siento con la energía al cien por ciento. Podré dormir en el avión durante el día, hoy es miércoles veintiséis de julio. El clima en Berlín está templado y tengo todo listo. Es una lástima no quedarme a recorrer la ciudad, siempre quise conocer Alemania.

»Al parecer esta misión es más secreta de lo que creí. Me enviaron en vuelo comercial hasta Europa, desconozco el propósito, pero rumbo a África iremos en un jet privado de la unión europea. Este virus tiene alerta a la OMS, a la ONU y los gobiernos que aún manejan la información bajo el agua. Los medios todavía no saben nada, sólo rumores.

»Volamos de noche. En total somos ocho pasajeros. Piloto, copiloto, un intérprete que ayuda a comunicarnos, tres guardias de origen africano, una doctora sueca de familia alemana llamada Emanuelle Baum, interesada en el virus tanto como yo. Y por último, un servidor. No creí ser pieza clave para esta expedición. Debo dar lo mejor, todo depende de nosotros. Nos reuniremos con el resto del personal en el Congo.

»Estoy documentando y lo saben, aun así me pidieron mantener un perfil bajo con respecto a mi narración, limitarme a lo necesario. Todo lo dicho es real, no ocultaré acontecimientos, la humanidad sabrá lo sucedido en esta lucha por la preservación de la especie.

»Con el ajuste de horario son las siete y veintidós, tiempo de Brazzaville. Es increíble cómo llegamos tan rápido al sur del continente, menos de quince horas.

»En unos minutos la doctora Baum y yo nos entrevistaremos con representantes del gobierno de la República Democrática del Congo. El brote comenzó cerca de la costa. Debemos cruzar la frontera con El Congo y viajar por las montañas. Son las doce cincuenta, después de cenit el calor es insoportable, a pesar de ser invierno en este hemisferio.

»Al concluir con la entrevista me recordaron grabar sólo lo necesario. No quisieran escandalizar al mundo y deteriorar las relaciones internacionales. Es menester contar lo vivido en esta expedición, no con el fin amarillista de alarmar, sino para documentar aquello que podría ser la lucha contra la enfermedad más peligrosa de principios del siglo. La bronca con los militares es lo que menos me preocupa.

»Pasamos la noche en Brazzaville y a primera hora cruzamos en Jeep la frontera entrando al Departamento de Pool rumbo de Kinkala. Almorzamos en la ciudad, cargamos combustible y salimos hacia el Departamento de Bouenza. Hoy es viernes veintiocho de julio.

»Después del atardecer, con las primeras estrellas, llegamos al río y por un camino al margen continuamos hacia la provincia. La vegetación y la fauna son impresionantes, tomé muchas fotografías y videos para Sonja, tengo memoria de sobra. Es peligroso viajar de noche por aquí pero es necesario, no debemos perder tiempo.   

»Antes de medianoche entramos en Madingou. Dormiremos en un campamento militar cercano a la urbe. Ya cenamos y recargamos combustible preparándonos para seguir a primera hora. Necesito descansar.

»Sábado veintinueve. Son las cuatro veinte, justo antes del amanecer. Todos duermen, yo perdí el sueño, esperaré a desayunar. El camino sigue a orillas del río Niari hasta el Departamento con el mismo nombre.

»En partes nos alejamos del caudal. La jungla se hace espesa y volvemos a ver el río por momentos. El combustible debe ser suficiente para llegar a nuestro destino.

»Son las quince horas. Hace veinte minutos se averió el neumático de una Jeep, ya casi terminan de cambiarlo. A la doctora y a mi nos pidieron no intervenir. Estas personas trabajan deprisa porque tenemos encima la tarde, si cae la noche y no llegamos a la base tendremos un serio problema.

»Media noche, la luna creciente nos acompaña desde hace un par de horas y no hay señales de la base militar. Llegamos a la intersección de los ríos Niari y Kouilou. No hemos comido bocado, sólo agua. Estamos agotados. El combustible comienza a escasear. Pero ellos tienen todo calculado, conocen el terreno, trataré de relajarme.

»La emoción que sentí al ver las luces lejanas de la base es indescriptible. A diferencia de la doctora Baum, quien molesta reclamó a los militares que nos trasladaran por tierra y no en helicóptero o jet hasta aquí. Para ella fue una pérdida de tiempo y energía. Los altos rangos se justificaron con que los helicópteros se encontraban en la costa y los trasladaron hasta la base durante nuestro trayecto. Debemos comer, es la prioridad ahora.

»Me costó mucho despertar por el cansancio, después de cenar sólo pude dormir profundamente. Es domingo, ya desayunamos, la doctora no come demasiado, pero yo necesito es… Los soldados ya… ssshh… acostumbrados a pasar hambre… comen únicamente sus raciones. Amanece un sol púrpura a orillas del Kouilou y el Niari. Los helicópteros están siendo encendidos, cruzaremos para entrar en las mon… Has… Es… Sssshh… Fue… Die… Ssshh… Kou… (Sonido de hélices).

–Detenlo Johnny…

»Debido a la espesura del follaje entramos a las montañas bajando de los helicópteros por medio de…

Gardner detuvo la grabación.

–Déjame escuchar eso otra vez. ¿Está incompleto?

–Sí, tampoco he podido entender. Pero escuchémoslo de nuevo.

Gardner volvió a reproducir esa parte dos veces. Hamilton, satisfecho, le pidió a su amigo continuar. Ambos se sirvieron más café.

»Debido a la espesura del follaje entramos a las montañas bajando de los helicópteros por medio de cables metálicos al punto exacto dónde se estableció el campamento médico, lugar estratégico para atender a los pobladores cercanos con posible contagio. Los militares se alejaron de vuelta a la base llevándose con ellos al traductor.

»El equipo médico está conformado por cuarenta y cinco elementos incluyendo a la doctora y a mí, por ahora. La próxima semana estaremos cubiertos un mes entero con los últimos cinco. Aquí mismo tienen otro intérprete que nos relaciona con los pobladores. Hablamos inglés entre nosotros para precisar la comunicación, pero en esta zona del Congo se hablan varios dialectos inentendibles por la mayoría.

»La doctora y yo no accesaremos en el área de cuarentena hasta mañana al comenzar nuestras actividades. No he podido ver enfermos, pero el ambiente del lugar es fúnebre. Hace unos minutos tuve la oportunidad de comunicarme con mi familia en El Paso. Extraño a mi esposa y a mi hija, espero que todo esto termine pronto. Cenaremos en una hora para dormir temprano. Mañana será el día. Buenas noches Sonja, papá te ama muchísimo.

»Lunes treinta y uno de julio. Hoy comenzamos las actividades. Es necesario tener estómago para esto. La forma de matar del Malatmut es carcomer la carne desde la piel hasta la los huesos. Al entrar en el torrente sanguíneo se complica evitar su avance a órganos importantes, sobre todo del sistema digestivo, dónde comienza la incubación después de beber o comer alimentos contaminados. Hay llagas purulentas en cuestión de horas y sólo transcurren tres noches para que el virus termine con la víctima.

»Hay veintiséis pacientes en cuarentena, con tres recién llegados. Debemos evitar el contagio a toda costa, agua sin purificar, piquetes de mosquito, alimentos, contacto con los pacientes, etcétera. Este cabrón se mueve a través de los fluidos, tenemos la sospecha de que incluso puede hacerlo por medio del sudor. Es de familia Filoviridae, el tercero en su tipo. Lo creemos pariente o mutación del Ebolavirus, sin embargo su modus operandi es totalmente distinto. Todo apunta a la polaridad del genoma, mientras la del Ébola es negativa, la del Malatmut muestra carga positiva. No sabemos con exactitud el alcance molecular de ésta adaptación, las investigaciones continuarán durante nuestra estadía. Aún nos falta saber mucho.

»Tenemos el equipo de trabajo necesario, en la compañía somos personas de todas partes. Médicos, paramédicos, enfermeros, investigadores, colegas que abandonaron sus hogares en los cinco continentes para detener esta amenaza. En una semana se nos unirán los últimos completando un equipo de cincuenta, confinados a trabajar un mes sin descanso. El riesgo es inminente…

Gardner detuvo la grabación. Hamilton miró a su amigo con extrañeza.

–¿Por qué lo hiciste?

–Fred, lo que escucharemos a continuación es intenso. Es hasta dónde yo pude reproducir, y no sé cómo desbloquear lo siguiente. La grabación continúa ya que la memoria marca un espacio de audio almacenado pero me costó mucho oírlo hasta el final. Entiendo si no quieres involucrarte, no sabía a quién acudir.

–Ya comenzamos con esto Johnny… ¿Quieres más café?

 

Texto: Asterión

 

Ilustración: Fernando Cano Miranda